9 de marzo de 2012

CAJÓN DE SASTRE
(Conjunto de cosas desordenadas y confusas.)


Se acabaron los cuentos de hadas con los que siempre soñé, los bosques repletos de ninfas y ondinas que hacen mágicas las noches de luna y esparcen sus polvos de fantasías ilusorias que envuelven mi existencia. 
Desde hoy mis pies se hunden en el lodo como caminando sobre arenas movedizas. Me inunda la materialidad de la tierra, esa absurda cotidianidad inamovible y despiadada que hace que se apaguen las luciérnagas de mi mente. Mis ideas, mis ilusiones han fracasado en el intento de volver a esos mundos que me acompañaron durante mi exageradamente larga infancia.
Fulmino a miradas las sombras que se cruzan conmigo como medusa que juega a convertirlas en estatuas de piedra en el intento fallido de apaciguar las serpientes de su mente.
Se me difumina el entorno en el que dejo la nitidez de las palabras para los demás y no espero encontrar un páramo de luz en el oscuro hueco de mi corazón. Arranco a mordiscos mi propia sonrisa con la intención absurda de ocultar mi llanto.
Me pregunto si mi vida siempre ha sido el mismo desierto seco, solitario y desesperádamente temeroso en su silencio y busco entre las dunas mis sueños. Mis viejos sueños que se han ido quedando en la larga senda de mi memoria donde descuidé tirar miguitas de pan por si algún día quería volver a recuperárlos.
Ya no hayo calor en las manos ajenas, harta de la frivolidad en caras extrañas de pupilas sin brillo.
Temo la noche porque con ella llega la fatal despedida de la compañía que pasa el relevo a la soledad en la que cada vez me siento más cómoda, desprovista de frases esperanzadoras de futuro aliento.
De repente despierto y el frescor de la mañana me devuelve los colores con la llegada de la luz. Cada uno de mis poros absorbe la repentina frescura fijada en la sonrisa de los niños. Como un oasis aparece la conciliación con el mundo y me trago a bocanadas la belleza de las cosas.
Me rodean las musas de la inspiración con un torbellino de cantos alegres que endulzan mi pletórica alegría como azucarillos de risas burlonas y sin sentido escapadas de corazones salvajemente dichosos en su fusión con el tiempo.
Llegan los duendes revoltosos a los filos de mis dedos que hacen palmear mis manos como en un coro de gitanos y me obligan a acariciar la dicha que otros cuerpos guardaban para mí.
Alegre revoltijo de locura desenfrenada y juguetona, sin conciencia alguna, estrellada y brillante desprendida de la razón.



  

3 comentarios:

  1. loles, que escondida tenías esta faceta¡¡¡

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  2. Como me gusta tu literatura poética, fresca y ensoñadora... No crezcas nunca!!!
    T'o.

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  3. TOMA YA ME QUEDO BOQUIABIERTA.

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